Carta a mis hijos :

Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer, pero hace casi medio siglo, en 1972, cuando abrí la tienda en Espasante. Carnicería Soto se llamaba, porque aún no era una tiendita sino una carnicería, la primera del pueblo.

Vuestro padre se había ido a faenar a la marina mercante en Alemania, y yo tuve que aprender a cortar la carne. Lo monté sola, como hicimos muchas mujeres gallegas de entonces, pouquiño a pouquiño, para salir adelante.

Al año siguiente ampliamos la carnicería con algo más de comestibles. Por aquel entonces ya habíais nacido los mayores, Juan, Paz e Irene, y sólo quedaba por llegar el pequeño, Víctor. Yo no podía atender sola el negocio, así que le pedí a Vicente, mi marido, que volviera de Alemania.

Con Vicente de vuelta yo empecé a ir por las aldeas. A falta de vehículo, iba con un carro de mano donde tenía que meter la mercancía y a vosotros. Fueron buenos tiempos. Trabajamos mucho y crecimos. 

A la llegada de los grandes supermercados, no pudimos competir con ellos. Fue entonces que empezamos a ir a repartir por los pueblos de los alrededores; desde Feás hasta Loiba y después de tantos años, esa ruta la seguimos manteniendo. A falta de otra cosa, salíamos a repartir con nuestro coche, ¿recordáis? Me gustaba mucho aquello, la gente sigue siendo maravillosa. 

A nuestro pesar, y como tantos otros gallegos, después de un tiempo vuestro padre y yo tuvimos que marchar para Inglaterra a trabajar para poder mantener nuestro pequeño negocio familiar. Un año entero estuve llorando en Inglaterra.

Allí fue cuando empezamos a tratar de enviar cosas al extranjero. Toda la comida que llegase de Galicia, de casa, significaba no tener que  gastar en Inglaterra , y en esa época ahorrábamos en todo lo que podíamos. En cada viaje de vuelta a Inglaterra, llevábamos con nosotros todo lo que podíamos; embutidos, conservas, verduras, vino, queso… Los transportes eran otros  y para conseguir algunos artículos, a veces había que esperar por un señor que traía productos pero sólo una vez al mes. 

Fijaos  ahora, cómo  cambió el cuento. Seguimos enviando productos gallegos para suplir la morriña allá donde haga falta pero ya no hay que esperar meses por ello. Nuestro proyecto, Comegalicia, se encarga de que esos productos que siempre se echan de menos cuando estás lejos,  lleguen en tan sólo unos días y directamente a la puerta de la casa, con total comodidad.

Víctor, hijo mío,  recuerda cómo  venías siempre tan cargado desde el  aeropuerto a casa, carretando en las maletas todo los productos de temporada  que pudieras meter dentro para que de los sabores de siempre,  no nos faltase de nada para comer “de casa” . Afortunadamente, el mundo ha mejorado un poco , y vosotros hijos míos con este proyecto de Comegalicia, estáis siendo de ayuda para que muchos gallegos que están fuera, puedan tener un trozo de Galicia en su casa cuando quieran. Ese sentimiento de poder ayudar, es algo muy bonito. 

Por suerte,  habéis ido cogiendo  las riendas del negocio y,  un poco entre todos,  seguimos trabajando en familia y en equipo. Os reconozco el esfuerzo de trabajar siempre unidos a pesar de las  adversidades que puedan surgir en la vida. 

Jamás imaginé que ahora estaríamos vendiendo en sitios tan distantes como Londres, Dinamarca, Suiza, Andalucía o Madrid. 

Víctor, siempre creíste mucho en esto de internet y tus ideas, que parecían del futuro, ya son reales.  “Supermercado Marina, no”, me dijiste; “Se va a llamar Comegalicia”. 

Ya estoy tranquila ahora que os pasé el testigo. Me siento muy pero que muy orgullosa de ver cómo entre todos estáis sacando este proyecto tan bonito adelante, siendo aún el negocio familiar. Vuestro padre estaría también muy orgulloso de todos vosotros. 

Os quiero mucho. ¡Non pasedes fame!

Marina

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